El reto de ser mujer y madre en África

05/13/2014
Adriana Castro, Comunicación Juan Ciudad ONGD
Mujeres africanas y sus bebés esperando atención sanitaria.

Adriana Castro, responsable de Comunicación de Juan Ciudad ONGD, ha escrito esta artículo en colaboración con la campaña www.esencialesparalavida.org de Farmamundi , para dar visibilidad a la incansable y también invisible mujer africana, desde "Más Madres con Salud".
El 95% de las muertes materno infantiles de todo el mundo se aglutinan en 75 países, que a su vez registran los índices más elevados de pobreza, malnutrición y prevalencia de SIDA. La mayoría de estos 75 países se encuentra en la region de África Subsahariana, que es la única donde los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) van más retrasados, registrándose incluso retrocesos, como en el caso de la salud maternal e infantil.
Los datos oficiales de Naciones Unidas y la Organización Mundial de la Salud hablan por si solos: cada día mueren en el mundo alrededor de 800 mujeres debido a complicaciones del embarazo y el parto, y pierden la vida 19.000 niños y niñas menores de 5 años. Las causas de esta elevada mortalidad son evitables en la mayoría de los casos, y no son costosas, pero hace hace falta la implicación de los gobiernos y la comunidad internacional para ponerlas en marcha.
Otros datos significativos apuntan que cada año nacen cerca de 50 millones de niños y niñas sin ningún tipo de atención sanitaria, y tienen lugar 7,3 millones de partos de adolescentes menores de 18 años, de los cuales dos millones son partos de niñas menores de 15 años.
Así alerta el último informe de Naciones Unidas, “Estado de la Población 2013. Maternidad en la niñez. Enfrentar el reto del embarazo en adolescentes”, donde se afirma que  todos los días hay 20.000 niñas menores de 18 años que dan a luz en países en desarrollo, y nueve de cada 10 de estos partos ocurren dentro de un matrimonio o unión de hecho.
Por todo ello, Juan Ciudad ONGD, creada por la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios en 1991, tiene en marcha una campaña de sensibilización con el lema “Más madres con salud” (www.madresconsalud.org), para recordar que es posible mejorar la situación de la salud maternal e infantil en los países empobrecidos, y Farmamundi a su vez tiene en marcha la campaña “Esenciales para la vida” (www.esencialesparalavida.org) en defensa del acceso a la salud y a los medicamentos esenciales como un derecho fundamental.
El cirujano pediátrico Fernando Rivilla, experto colaborador de la campaña “Más madres con salud”, considera que para entender esta crítica situación hay que apuntar a los determinantes sociales, "relacionados directamente con las condiciones en que la persona nace, crece, vive y trabaja. Y es aquí donde hay que poner el foco para poder invertir la situación a medio y largo plazo”.
Por ello, desde Juan Ciudad ONGD consideramos que la desigualdad debería ser uno de los principales objetivos para reducir la mortalidad materna e infantil, siendo la educación y el acceso a la información una herramienta prioritaria, dado que está sobradamente demostrada su eficacia y rentabilidad. Igualmente hay que seguir trabajando en mejorar el acceso a servicios de atención sociosanitaria, además de integrar el enfoque basado en derechos humanos en las políticas y acciones de cooperación y desarrollo. Sólo así podrán decidir su futuro las personas que sufren las consecuencias de la pobreza, dejando de lado el mero papel de receptores de ayuda que se les ha otorgado hasta ahora.
 
La mujer africana, incansable e invisible
El PNUD también destaca que a pesar de que el mundo es globalmente más rico que nunca, más de 1.200 millones de personas todavía viven en condiciones de pobreza extrema, y la mayoría se encuentran en África subsahariana, donde se sitúan 37 de los 44 países más pobres del planeta. La pobreza, además, tiene rostro de mujer, ya que el 70% de los pobres del mundo siguen siendo mujeres.
Para entender la persistencia de los índices de pobreza femenina hay que apuntar a mecanismos fuertemente arraigados y no siempre explícitos de discriminación social de la mujer, que dificultan y limitan su acceso a la propiedad, al crédito y al empleo de calidad, anulando los efectos beneficiosos que podrían tener estas capacidades, según concluye el estudio “El papel de la mujer en el desarrollo de África”, coordinado por Inés Alberdi y Maribel Rodríguez, y publicado por CeALCI- Fundación Carolina.
En este estudio hay datos alentadores, como los ejemplos de empoderamiento y liderazgo de la mujer en la esfera política. Muestra de ello dan países como Suráfrica, con un aumento del 45% de su representación parlamentaria femenina, Uganda con un parlamento formado por un 30% de mujeres y Ruanda con un 56% de parlamentarias.
Pero aún así, en la mayoría de los casos la mujer en África vive en el medio rural y trabaja entre 16-18 horas todos los días, durante las cuales se encarga de las tareas domesticas como buscar leña y agua, además de preparar la comida, atender el huerto familiar y dedicar un tiempo extra a la venta informal en mercados, carreteras y estaciones de autobuses.
Esta mujer, que no ha podido terminar el ciclo de educación primaria, ya que tuvo que abandonar pronto la escuela para cuidar a algunos familiars mayores o enfermos, quizá ha tenido que casarse con un marido que le fue impuesto siendo aún niña o adolescente.
Si esta mujer es muy emprendedora, habrá intentado pedir un crédito para poner en marcha algún pequeño negocio que mejore la economía familiar, pero lo habitual es que no haya podido conseguirlo. (Las mujeres en África perciben menos del 10% del crédito total desembolsado).
Además, esta mujer habrá tenido muchas probabilidades de sufrir algún episodio de violencia de género o violación. Una probabilidad que se dispara si vive en un país con un conflicto armado, lo que a su vez la habrá empujado a huir de su aldea junto a sus hijos y familiares, buscando refugio en un país vecino. (En Tanzania el 50% de las mujeres que viven en zonas rurales ha declarado ser víctima de violencia y esta proporción se eleva al 71% en el caso de Etiopía).
 
Esta mujer también ha sido madre en varias ocasiones. En la primera no contó con ningún tipo de atención sanitaria, y debido a su juventud sufrió complicaciones durante el embarazo y perdió a su primer hijo. El segundo embarazo tampoco contó con ayuda especializada, pero el bebé sobrevivió, aunque no pudo alimentarlo adecuadamente durante su infancia y sufrió retraso del crecimiento.
En su tercer embarazo, y gracias a unas campañas de sensibilización sobre salud maternal infantil que puso en marcha el gobierno de su país, supo que habían abierto un centro de salud en una aldea vecina, y como la cosecha fue buena ese año, tuvo los medios suficientes para poder realizarse los controles oportunos y ser atendida en el parto. Sufrió una hemorragia, pero esta vez sí recibió atención sanitaria y pudieron salvarse ella y su bebé.
La mujer africana no tiene una vida fácil, y juega un papel fundamental en el desarrollo, al igual que en el resto del mundo. Un papel que aún no está suficientemente valorado ni reconocido, en parte por las consecuencias de las tensiones producidas entre las leyes tradicionales y la legislación formal que reconoce sus derechos.

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