Embarazos adolescentes en Liberia… causas del problema

01/23/2014
Carlos Cenalmor
Voluntariado, África

Carlos Cenalmor, joven médico madrileño que se encuentra realizando un voluntariado con Juan Ciudad ONG en el St. Joseph´s Catholic Hospital de Monrovia, Liberia, nos cuenta su valoración de uno de los principales retos que enfrentamos a nivel global en estos momentos en materia de salud materna, y es el embarazo de adolescentes. Carlos lleva desde Septiembre en Monrovia y es la primera vez que viaja a este país africano, y desde allí nos traslada sus impresiones y reflexiones a este respecto.
En la fotografía aparecen de izda. a dcha. Gonzalo Bustos (médico voluntario de JCONGD), el Hno. Patrick Namdzade (director del St. Joseph´s Catholic Hospital de Monrovia), Carlos Cenalmor (médico voluntario de JCONGD), el Hno. George Comnbey (director de la farmacia del St. Joseph´s Catholic Hospital de Monrovia), y Javier Balsa (médico voluntario de JCONGD).
 
Diciembre de 2014. Me encuentro en el centro de salud de NewKru Town, barrio límite de la ciudad de Monrovia, hacia el noroeste. Hoy es mi primer día que vengo, y ya me han descolocado varios pacientes. Niños con hígados y bazos gigantes, chicos jóvenes con sífilis, y por último, una chica joven que venía con su hijo de un año en brazos para ser tratado. Me dice que no tiene dinero para pagarla medicación extra, solo para lo que le cubra la consulta de ese día (una consulta pediátrica con tratamiento vale 250 dólares liberianos en este centro: algo así como 2,6€. Y en el tratamiento se incluye todos los fármacos que pueda necesitar y que estén disponibles en el centro de salud).
Sujeta los pocos billetes que tiene con una mano mientras con la otra sostiene al niño. Nelson, el enfermero que lleva la consulta y del que yo voy a aprender estos días, le dice que no pasa nada, que no le tenemos que poner más medicación que la incluida en los 250 LD. Ella acepta y yo, que no puedo aguantar más, le pregunto “¿Es tu primer niño?”. Ella me responde “No, es mi tercero”. Más impresionado aún le vuelvo a preguntar, y se encadena una pregunta detrás de otra: “¿Y qué edad tienes?” “21 años” ”¿Y estás casada?” “No” “¿Cuidas tu sola de los niños?” “No, mi madre cuida de los otros dos, yo solo cuido de este”.
Ya en casa, pensativo, les cuento a Gonzalo y a Javi el caso de esta chica. Gonzalo resume uno de nuestros pensamientos con lenguaje cotidiano: “¿Nadie le ha enseñado a esa chica que si se acuesta con alguien se puede quedar embarazada?”. Pues, por muy absurdo que pueda parecer, la respuesta que se acerca más a la realidad es esta: “no”.
Tras dos meses aquí creo que podemos explicar un poco qué es lo que lleva a muchas chicas a llegar a esa situación vital. Hay muchos factores en juego, que tienen que ver con la situación económica liberiana en su mayoriay también con su propia identidad. Por un lado, tenemos la situación cultural familiar, muy relacionada con las economías de subsistencia: el tener muchos hijos es algo normal y además es una forma de supervivencia, ya que a determinada edad (aproximadamente a los 7 años) el niño va a poder empezar a traer ingresos a casa y puede ser eso lo que salve a la familia. Y esto es una triste realidad, sucede cada día en Monrovia; solo hay que darse un paseo en coche para ver decenas de niños vendiendo agua o snacks en los semáforos, entre los vehículos, y lo que es peor, a la hora en la que deberían estar muchos en la escuela. Esta forma de enfocar la planificación familiar sin duda lleva a una despreocupación de base, cultural, en lo que al control de la natalidad se refiere (despreocupación que el ser humano solo se ha podido permitir en nuestro siglo y en el pasado, claro) y se suma al siguiente punto: la dificultad de la anticoncepción. Esta dificultad es eminentemente económica y administrativa: ¿quién va a tener dinero para comprar preservativos si no tiene ni para pagar 2,6€ por la enfermedad de su hijo? ¿O quién va a tomar anticonceptivos orales si no hay un médico para recetárselo, y de nuevo, sin dinero para comprarlos? ¿Quién se va a enterar de que existe la anticoncepción si no hay un gobierno tomando las medidas adecuadas para ello en términos de educación sexual? Y por último añado un factor más: la revolución sexual traída desde occidente. Parece una idea un poco forzada, pero es una realidad, y más en Liberia, donde USA es el ideal y modelo a seguir para casi toda la población. Así lo ves en la televisiónque ven los jóvenes de aquí (si la tienen) y en la música que escuchan en la radio: los artistas negros y blancos que en Estados Unidos se dedican a cantar odas a la fiesta, el sexo casual y el desenfreno, y los artistas liberianos aquí, que con menos medios les intentan emular. Se alaba y anima en estos medios a un estilo de vida que, sin entrar entemas morales, en occidente se puede sostener… pero trasladado a la juventud liberiana, sin posibilidades para la anticoncepción y faltos de conceptos básicos en anticoncepción, educación sexual y afectiva, tiene efectos devastadores a nivel de embarazos no deseados y de enfermedades de transmisión sexual.
Tal y como nos cuenta nuestro vecino liberiano, Erik, la gente joven de aquí ya sabe a lo que debería aspirar: llegar a la universidad o a los estudios medios. Pero son muchos los casos, nos dice, en los que esto queda truncado por la aparición de un hijo, lo que conlleva tanto para la mujer que lo tiene como para el hombre (aunque menos veces, como siempre sucede) que haya que dejar los estudios para empezar a ganar dinero. Porque la alternativa es morir de hambre en casa. Y entonces el ciclo se perpetua, pues si una chica tiene un hijo con 16 años y queda ya fuera de la vida escolar, aún más difícil va  a ser que le lleguen las influencias necesarias para aprender a planificar su futura familia, y menos aún para transmitir eso a sus hijos.
Una cultura tradicional de subsistencia, falta de medios, de información y de educación, junto con un ambiente socio/cultural influido por las ideas occidentales de la sexualidad, es el coktail que produce casos como el de esa chica de NewKru Town. Es una realidad dura, y otro frente de lucha en el que la gente de buena voluntad en este país tiene una gran batalla que luchar.

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